Neutralidad de red: Futuras Batallas

Por: Antonio Martínez

La red es tonta y eso es una buena noticia. Dicen Doc Searls y David Weinberger que “sus diseñadores se aseguraron de que la red más grande e inclusiva de todas sea tan tonta como una caja de piedras. Internet no sabe muchas cosas que una red inteligente, como la telefónica, conoce: identidades, permisos, prioridades. Internet sólo sabe una cosa: este montón de bits necesita ir desde un extremo de la Red hasta otro”.

La neutralidad de la red es la idea de que todo el tráfico en Internet debe ser tratado de manera igualitaria. Los proveedores de servicio de internet no podrán bloquear o degradar la velocidad de los datos bajo ningún concepto, tampoco podrán habilitar líneas rápidas para beneficiar a ciertas compañías.

Últimamente hemos escuchado el término por doquier. Por distintas razones el debate está sucediendo en todo el mundo. En abril el Parlamento Europeo debatió y votó reglas sobre la neutralidad de la red que restringen a los operadores el cobro extra por más rapidez en el transporte de datos. En México desde la presentación de la iniciativa de ley secundaria en materia de telecomunicaciones, el tema ha estado en los medios de comunicación pues la iniciativa del Ejecutivo restringe la neutralidad de la red a la “legalidad” de los datos. En los próximo días, en Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC por sus siglas en inglés) podría adoptar nuevas reglas sobre la neutralidad de la red que, por lo que se conoce, apuesta por un enfoque más comercial.

Pero, ¿exactamente de qué hablamos cuando hablamos de “neutralidad de la red”?

El término fue acuñado por el académico de la Universidad de Columbia, Tim Wu. En un artículo publicado en el año 2003, Wu acuñó el término al argumentar sobre la discriminación de datos en banda ancha y defender un sistema darwiniano de innovación en la red. Durante aquellos años, la FCC enfrentaba una batalla legal sobre la protección de un Internet abierto. En el año 2005 la Suprema Corte estadounidense comenzó a poner fin a ese esquema, desde entonces el concepto desarrollado por Wu ha sido arma de batalla para los defensores de un Internet libre.

Aunque el concepto apenas cumplió una década, la idea es tan vieja como el siglo XIX cuando las primeras leyes obligaban a las compañías que ofrecían una infraestructura básica (vías del tren, luz o telégrafos) para operar como carriers comunes. Para nadie es secreto que Internet no es la web, está mejor definido como un acuerdo de confianza que se transporta por tubos y cables. De tal forma que no importa lo que hagamos en Internet, siempre tendremos la posibilidad de hacerlo sin permiso ni discriminación alguna.

La analogía del tren es más o menos útil. Hay unas compañías dueñas de las vías (el backbone) y otras distintas que son dueñas de los trenes y que tienen contacto con el usuario final. No importa si varias compañías son dueñas de distintos tramos de vías, el tren circula hasta su destino final sin problema ni costo adicional para el pasajero. Así sucede en la red (pensando que todos los trenes son iguales).

Desde que se encuentra en disputa constante (hasta ahora únicamente Chile, Brasil y algunos países europeos han legislado al respecto), los defensores de la neutralidad de la red han encontrado diversos argumentos a favor de ésta. Revisemos algunos:

Sin regulación: aquí se considera la competencia entre proveedores y a los usuarios. De tal manera que si el proveedor “X” cobra algún tipo de peaje extra o alenta un servicio “Y”, el usuario puede cambiar de compañía. Esta posibilidad da pocos incentivos para que los proveedores vayan en contra de la neutralidad. Lo cierto es que los mercados están cada vez más concentrados y el usuario en muchas ocasiones no tiene más de dos opciones para conectarse.

Por decreto: se piensa que la intervención del Estado en el tema debe ser la de reconocer la neutralidad y prohibir a través de la ley cualquier intento por revocarla. Aunque en el contexto de un mercado concentrado sea una opción razonable, el límite se encuentra en el espacio de competencia: una ley local (nacional) no garantiza lo que suceda en una infraestructura global.

Por los derechos afectados: como vimos, la red es tonta, transporta datos que no sabe qué contienen. los paquetes de datos son como correspondencia privada. Así, se puede argumentar que para privilegiar unos sobre otros, se debe conocer el contenido de los mismos. Con una tecnología de inspección de paquetes (DPI) es posible esto a costa de la privacidad de los usuarios y por lo tanto, del derecho a la libertad de expresión.

A favor de la innovación: este es—creo—el más atractivo. Toda la innovación en la red ha sido posible porque no se tiene que pedir permiso para crear lo que sea. Los fundadores de YouTube no tuvieron que pasar por la aprobación de alguien para ponerlo en línea. Zuckerberg hizo Facebook desde su dormitorio, y así sucesivamente. El valor de Internet se encuentra en sus bordes, no en los intermediarios. Escoger ganadores desde algún punto del recorrido, quitaría TODO el sentido al internet.

Probablemente en la FCC pierda la idea de crear líneas rápidas para cierto tráfico. En términos generales, las regulaciones (que eventualmente dependerán en México del IFT) deben generar incentivos para ensanchar las capacidades de gestión de tráfico de la red y no para abandonar esa vía y acoplarse a intereses comerciales. Pero no olvidemos que la red es un entorno privado, las compañías y los proveedores de Internet pueden ser en realidad los peores enemigos; por ejemplo, los nuevos tratos de Netflix con Comcast sobre negociar una línea directa que no pase por la gestión global de tráfico nos dan una pista; en estricto sentido no se viola la neutralidad de la red (pues Comcast argumenta que se tratarían todos los datos igual en esas líneas), pero en términos prácticos es lo mismo que la discriminación de información.

Es fundamental pelear en los mejores términos la defensa de la neutralidad de la red si no queremos que soluciones engañosas nos nos dejen ruidosas y pírricas victorias.

Publicado originalmente en: Animal Político

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